emision

Adicionalidad en el sistema CAE: cómo demostrar que el ahorro no se habría producido sin la actuación

10 min de lectura

Por Equipo de Ingeniería Certex Innova

La adicionalidad es el principio que distingue un CAE válido de uno que no supera la verificación. Toda actuación bajo el sistema CAE debe demostrar que el ahorro producido no se habría materializado sin el mecanismo de certificados, o que se habría retrasado de forma significativa. No basta con que la medida genere ahorro real: hay que acreditar que ese ahorro no habría ocurrido de todos modos en un horizonte temporal comparable.

Qué significa la adicionalidad en el sistema CAE

En el sistema CAE, la adicionalidad exige que la actuación energética sea motivada —al menos en parte— por los ingresos derivados de los certificados. La lógica es directa: si una empresa habría sustituido su maquinaria por razones puramente económicas sin ningún apoyo del sistema, el sujeto obligado no tiene por qué financiar ese ahorro. El ahorro ya estaba garantizado por la rentabilidad intrínseca de la inversión, y los certificados no han aportado nada determinante para que ocurriera.

La normativa CAE exige que la documentación presentada ante IDAE acredite que los Certificados de Ahorro Energético son un factor decisivo en la viabilidad del proyecto o en su anticipación en el tiempo. No es suficiente con que los certificados mejoren la rentabilidad: han de ser condición necesaria o al menos significativa para que la inversión se ejecute.

Adicionalidad frente a materialidad del ahorro

Es frecuente confundir adicionalidad con materialidad. La materialidad exige que el ahorro sea real, cuantificable y verificable. La adicionalidad va un paso más allá: requiere que ese ahorro no se hubiera producido sin el sistema. Una actuación puede ser perfectamente material —con ahorro medible y verificado— pero no adicional, si la empresa la habría ejecutado de todos modos por sus propios intereses económicos o por obligación normativa. Solo cuando concurren los dos criterios el expediente tiene base sólida frente al verificador.

Los tres vectores que el verificador examina

Los verificadores analizan la adicionalidad a través de tres preguntas concretas. Las respuestas deben reflejarse en la documentación del expediente desde el inicio del proyecto, no construirse a posteriori cuando ya hay una observación encima de la mesa.

1. ¿Existía una obligación normativa preexistente?

Si la actuación estaba impuesta por regulación —por ejemplo, sustituir una instalación de refrigeración que empleaba gases HFC prohibidos a partir de una fecha concreta por el Reglamento (UE) 517/2014— la empresa ya estaba obligada a ejecutarla con independencia de los certificados. La adicionalidad cae por su propio peso: la actuación habría ocurrido de todas formas. El verificador revisará si había un plazo normativo vigente antes de la presentación del expediente ante IDAE.

2. ¿Era la actuación financieramente autorrentable sin el CAE?

El test de rentabilidad analiza el periodo de retorno de la inversión con parámetros estándar del sector. Si el TIR o el payback previo al CAE ya alcanzaban los umbrales habituales de decisión de inversión para ese tipo de empresa, el verificador puede cuestionar que los certificados fuesen necesarios. La práctica habitual es construir dos escenarios financieros: uno sin los ingresos CAE y otro con ellos, demostrando que el segundo hace viable una inversión que el primero no justificaría en un horizonte razonable.

3. ¿Era la actuación una práctica habitual del sector?

Si una renovación equivalente es práctica corriente en el sector —lo que en la literatura de adicionalidad se denomina «common practice»— la adicionalidad queda en entredicho. El argumento es que la empresa la habría ejecutado siguiendo la inercia del mercado, con independencia de los certificados. Aquí la carga de la prueba recae sobre el promotor: hay que documentar que la actuación va más allá del estándar sectorial o que las circunstancias específicas de la empresa la diferencian del comportamiento habitual del sector en ese momento.

Cómo documentar la adicionalidad en el expediente

La adicionalidad no tiene un modelo normalizado en el catálogo CAE, pero hay elementos concretos que los verificadores esperan encontrar. Cuanto más temprano se prepare esta documentación —antes de iniciar la obra, no durante—, menor es el riesgo de observaciones.

Declaración responsable del promotor

El promotor debe firmar una declaración en la que expone que los ingresos derivados de los Certificados de Ahorro Energético son condición necesaria —o al menos significativa— para que la actuación sea viable o se ejecute en el plazo previsto. Esta declaración no es mero formalismo: el verificador puede exigir que se acompañe de justificación económica coherente con los datos del proyecto. Una declaración genérica sin respaldo documental raramente es suficiente en proyectos de mediano o gran volumen de ahorro.

Análisis de viabilidad preactuación

El documento de viabilidad muestra el coste total de la actuación, los ahorros energéticos esperados en euros por año y el retorno de la inversión en dos escenarios: con y sin ingresos CAE. El formato más habitual es una tabla con hipótesis explícitas —coste energético por MWh, horas de funcionamiento anuales, vida útil del equipo, tasa de descuento— y con la fuente de cada dato identificada. Si el payback sin CAE supera los diez años para una inversión industrial estándar, el argumento de adicionalidad se refuerza de forma considerable. En proyectos bajo metodología M&V (protocolo IPMVP), el Plan de Medición y Verificación incluye habitualmente un apartado específico sobre adicionalidad con mayor nivel de detalle técnico.

Contexto normativo y comparativa sectorial

El expediente debe confirmar por escrito que la instalación no estaba sujeta a ningún mandato normativo de renovación antes de la presentación. En proyectos de iluminación, climatización y motores eléctricos esto suele ser directo y requiere poca argumentación. En proyectos de refrigeración industrial o cogeneración conviene añadir un apartado explícito que descarte la aplicabilidad de normativas sectoriales específicas. Cuando la actuación es una medida convencional —sustitución de luminarias por LED en una nave, por ejemplo—, aportar datos sobre la penetración real de esa tecnología en el subsector y sobre la antigüedad media de los equipos que se están reemplazando refuerza la posición: si el equipo sustituido lleva veinte años en servicio en un sector donde la vida útil media es de diez, la actuación difícilmente puede calificarse como práctica habitual para esa empresa concreta.

Situaciones que complican la adicionalidad

Hay cuatro escenarios que generan más controversia en la verificación y que conviene identificar antes de presentar el expediente para corregir el tiro a tiempo.

1. Actuación ya iniciada en el momento de la presentación

Si la obra ha comenzado antes de presentar el expediente ante IDAE, la adicionalidad se debilita: la empresa ya tomó la decisión de inversión sin tener confirmación de los certificados. El procedimiento correcto es presentar el expediente en fase previa al inicio físico de la actuación. Cuando el inicio se ha producido por error o urgencia, la carga documental para acreditar la adicionalidad se multiplica.

2. Sustitución de emergencia

Cuando un equipo falla y debe reemplazarse con urgencia, la empresa no tuvo margen de elección. El ahorro puede ser real y verificable, pero la decisión de invertir no dependió de los certificados sino de la necesidad operativa. El verificador puede considerar que la actuación habría ocurrido igualmente y denegar la adicionalidad. En estos casos es especialmente útil documentar que la decisión de optar por el modelo más eficiente —en lugar de uno equivalente al sustituido— sí estuvo motivada por los certificados.

3. Cofinanciación con otros instrumentos públicos

Si la actuación recibe también subvención directa de un programa de eficiencia energética, el expediente CAE debe justificar que los ingresos por certificados son adicionales al apoyo ya recibido y que no se produce doble contabilización del mismo ahorro. El verificador revisará que los cálculos de rentabilidad no mezclan los dos flujos de ingresos para alcanzar artificialmente el umbral de no autorrentabilidad.

4. Reforma global de instalación

Cuando una empresa renueva simultáneamente varios sistemas en la misma instalación —iluminación, climatización y motores en la misma nave—, la adicionalidad de cada actuación debe tratarse de forma independiente. Mezclar ahorros de subsistemas con rentabilidades distintas en un único análisis financiero puede crear inconsistencias que el verificador detecta con facilidad. El sujeto obligado, que tiene interés directo en la validez del expediente y que habitualmente incluye en el contrato cláusulas de garantía a cargo del promotor, suele exigir que cada subsistema tenga su propio análisis de viabilidad antes de firmar.

Preguntas frecuentes

¿Qué ocurre si el verificador concluye que la adicionalidad no está acreditada?

El expediente recibe una observación que impide la emisión de los certificados hasta que se resuelva. El promotor dispone de un plazo de subsanación para aportar documentación adicional. Si la subsanación no resulta convincente, IDAE puede archivar el expediente sin emitir los certificados. En ese caso el sujeto obligado no abona el precio acordado, o exige la devolución de anticipos si los hubo, lo que puede derivar en un conflicto contractual entre promotor y sujeto obligado.

¿Existe un formato oficial para el análisis de viabilidad de adicionalidad?

No hay modelo normalizado. Lo habitual es una tabla con hipótesis explícitas, vida útil, coste energético de referencia y los dos escenarios (con y sin CAE). El verificador valora que las hipótesis estén justificadas con fuentes identificables —facturas de suministro, datos de fabricante, estadísticas sectoriales— y que sean coherentes con los valores de mercado del momento en que se tomó la decisión de inversión.

¿La adicionalidad se revisa en todos los proyectos CAE?

Sí, aunque con intensidad variable. En fichas estandarizadas de pequeño volumen la revisión puede ser más sumaria. En proyectos M&V o en fichas estandarizadas de gran volumen de ahorro la revisión es sistemática y documentada. No existe umbral oficial que exima del análisis de adicionalidad; la diferencia está en la profundidad con la que el verificador la examina.

¿Puede demostrarse adicionalidad si el payback sin CAE era razonable?

Es difícil pero no imposible. Si el payback roza los umbrales habituales de decisión y la empresa puede demostrar con documentación interna —actas de dirección, presupuestos de capex rechazados, comunicaciones con la dirección financiera— que sin los certificados habría postergado la inversión indefinidamente, el argumento tiene recorrido. La clave es que esa evidencia documental sea previa a la actuación, no construida a posteriori para el expediente.

¿Una adicionalidad bien documentada mejora el precio negociado con el sujeto obligado?

Un expediente robusto reduce el riesgo de rechazo para el sujeto obligado, lo que puede traducirse en mejores condiciones de contrato o en un proceso de negociación más ágil. Una adicionalidad dudosa no suele bajar el precio directamente, pero puede llevar al sujeto obligado a exigir garantías contractuales más onerosas, a retener parte del pago hasta la resolución favorable del expediente, o a descartar directamente el proyecto.

¿Qué documentación mínima acredita la adicionalidad?

Como mínimo: declaración responsable del promotor, análisis financiero con y sin CAE con hipótesis justificadas, y confirmación de que no existía obligación normativa previa. Si la actuación puede considerarse práctica habitual del sector, añadir la comparativa sectorial. En proyectos M&V, el Plan de Medición y Verificación incluye habitualmente un apartado específico de adicionalidad que sirve de base para la declaración responsable.

¿El concepto de adicionalidad CAE tiene equivalente en otros instrumentos de eficiencia energética?

El principio está presente en los sistemas de White Certificates de Francia e Italia y en los estándares de compensación voluntaria de carbono. La lógica es la misma: el sistema solo tiene sentido económico si financia ahorros que de otro modo no habrían ocurrido o se habrían producido en un horizonte mucho más tardío. Sin adicionalidad, el mecanismo se convierte en una subvención a decisiones que el mercado ya habría tomado solo.

Próximo paso

Preparar la documentación de adicionalidad antes de iniciar la actuación —no durante ni después— es la decisión que más reduce el riesgo de observaciones en verificación. El módulo Reduce de Emision centraliza el cálculo de ahorros energéticos y la trazabilidad de datos de soporte, lo que facilita construir el análisis de viabilidad con hipótesis coherentes y bien documentadas desde la fase inicial del proyecto, antes de firmar con el sujeto obligado.

Sigue leyendo